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    Tiberio Graziani|Amrica indolatina y Eurasia: los pilares del nuevo sistema multipolar|30.03.2009 

    Tiberio Graziani

    Amrica indolatina y Eurasia: los pilares del nuevo sistema multipolar


    El aventurerismo estadounidense en Georgia y la profunda crisis econmico-financiera que afecta a todo el sistema occidental han evidenciado definitivamente la incapacidad de los Estados Unidos para gestionar el actual momento histrico. Los paradigmas interpretativos basados en las dicotomas Este-Oeste, Norte-Sur, centro-periferia no parece que sean vlidos para delinear los prximos escenarios geopolticos. Una lectura continental y multipolar de las alianzas y de las tensiones entre los actores globales nos permite identificar en la Amrica indolatina y en Eurasia los pilares del nuevo sistema internacional.

    La incapacidad estadounidense de gobernar

    La reciente cuestin georgiana ha supuesto definitivamente el certificado de defuncin del llamado unipolarismo estadounidense y, sobre todo, parece que ha hecho efectivo un sistema articulado ya sobre polos continentales, es decir, un sistema multipolar.

    Esto no ha sido captado en absoluto por la mayor parte de los observadores y analistas, que, pese a ser conscientes del crepsculo de la nacin indispensable (segn la atrevida definicin de la ex Secretaria de Estado Madeleine Albright), con motivo de la crisis de agosto entre Mosc y Tbilisi han hecho referencia, reiteradamente, a un nuevo bipolarismo y a una reformulacin de la Guerra Fra. En realidad, estamos muy lejos de la reedicin del viejo sistema bipolar, y no slo porque las motivaciones ideolgicas (entre las cuales se encuentran las anttesis comunismo-capitalismo y totalitarismo-democracia), que caracterizaron la posguerra de 1945 a 1989, y que por tanto dieron vida al equilibrio bipolar, han desaparecido, sino, sobre todo, porque grandes pases de dimensiones continentales, como China, India y Brasil, como consecuencia de su desarrollo econmico y gracias a la conciencia geopoltica que anima desde hace casi toda una dcada a sus clases dirigentes, tienen la ambicin de asumir responsablemente compromisos polticos, econmicos y sociales a nivel planetario.

    No obstante, hay que decir inmediatamente que el declive del sistema unipolar guiado por los Estados Unidos no significa en absoluto el fin de la hegemona de Washington, hasta ahora presente, incluso militarmente, en amplias reas del planeta. La hegemona de Washington es por el momento una hegemona reducida con la cual las nuevas entidades geopolticas tendrn que enfrentarse todava durante algunos aos. Una hegemona, hemos de subrayar, quizs ms peligrosa que la pasada para la estabilidad internacional porque precisamente al resultar oscilante esta hegemona es, por tanto, susceptible de ser gestionada por Washington y por el Pentgono con escaso equilibrio, tal y como la crisis georgiana ha demostrado ampliamente.

    La profunda crisis estructural de la economa de los EE.UU (1) ha contribuido slo a acelerar un proceso de redimensionamiento de todo el sistema occidental que, aunque iniciado a mitad de los aos 90, slo en los primeros aos del siglo actual fue registrado por autores como Chalmer Johnson y Emmanuel Todd en los respectivos anlisis sobre las consecuencias con que los Estados Unidos acabaran por encontrarse (2), como nica potencia mundial, as como sobre la descomposicin del sistema estadounidense (3).

    Johnson, profundo conocedor de Asia y, en particular, de Japn, observaba, entre los aos 1999 y 2000, que los EEUU no estaran en condiciones de gestionar su relacin con Asia si continuaban las reiteradas tentativas de su gobierno de dominar la escena mundial (4). Entre los cambios ya visibles, que en el futuro prximo trazaran un nuevo marco geopoltico, Johnson situaba su atencin en la creciente tentativa de China de emular las otras economas de crecimiento intensivo de Asia oriental (5). El mismo autor, refirindose al despiadado anlisis ilustrado por David Calleo (6) en el lejano 1987 sobre la disgregacin del sistema internacional, consideraba que los Estados Unidos de finales de siglo eran una entidad hegemnica rapaz dotada de escaso sentido del equilibrio.

    Tambin el francs Todd, como el americano Johnson, consideraba que los EEUU, a causa de las guerras en Oriente Medio y en Yugoslavia, estaban ya convirtindose en un elemento de desorden de todo el sistema internacional; segn Todd, adems, la interdependencia econmica redundaba en perjuicio de la economa estadounidense, como, indudablemente, demostraba el crecimiento del dficit de la ltima dcada.

    Algunos aos despus, en enero de 2005, un agudo y brillante observador como Michael Lind, de la New American Foundation, sostena, en un importante artculo publicado en el Financial Times (7), que algunos pases eurasiticos ( principalmente China y Rusia) y de la Amrica meridional estaban silenciosamente tomando medidas cuyo efecto sera el de reducir el poder norteamericano.

    Ms recientemente (2007), Luca Lauriola (8) ha afirmado sustancialmente los mismos conceptos, que citamos aqu en palabras de Claudio Mutti: Lauriola se propone demostrar algunas tesis que pueden ser resumidas esquemticamente en los siguientes trminos: 1) los EEUU no son ya la mayor potencia mundial; 2) la potencia tecnolgica rusa supera hoy la estadounidense; 3) el entendimiento estratgico entre Rusia, China e India configura un rea geopoltica alternativa a la estadounidense; 4) los EEUU se encuentran en una gravsima crisis financiera y econmica que es el preludio de un autntico hundimiento; 5) en tal situacin, la potencia estadounidense est perdida y enloquecida de modo que Mosc, Pekn y Nueva Delhi la tratan pretendiendo no provocar reacciones que podran causar catstrofes mundiales; 6) la administracin Bush prosigue impertrrita hacia el precipicio, inventando continuamente mentiras que justifiquen la funcin mundial de los EEUU; 7) las condiciones de vida de gran parte de la poblacin estadounidense son similares a las de muchos pases subdesarrollados; 8) la imagen actual de los EEUU no es una excepcin de su historia, sino que reproduce fielmente la que siempre ha tenido ( desde el genocidio de los Pieles Rojas al terrorismo practicado en Vietnam); 8) en los EEUU, un funcin poltica eminente es desempeada por el mismo lobby mesinico que ya haba destacado en la nomenclatura sovitica (9).

    Pero, cmo puede ser que la hiperpotencia estadounidense, en el breve transcurso de apenas veinte aos, est a punto de colapsar? Por qu un actor global como los EEUU no ha sido capaz de gobernar e imponer su tan proclamado New Order, democrtico y liberal?

    Las respuestas a tales cuestiones no han de ser buscadas solamente en los al fin y al cabo fciles anlisis que tanto gustan a los economistas y/o en las contradicciones polticas dentro del sistema occidental. A nuestro juicio, hay que buscarlas precisamente en los anlisis de las doctrinas geopolticas de la potencia estadounidense. Los Estados Unidos de Amrica potencia talasocrtica mundial siempre han buscado, desde su expansin en el subcontinente sudamericano, una praxis geopoltica que en otro lugar hemos definido del caos (10), es decir, la geopoltica de la perturbacin continua de los espacios territoriales susceptibles de ser situados bajo su influencia o su propio dominio; de ah la incapacidad de realizar un autntico y articulado orden internacional, como cabra esperar de quien tiene por ambicin el liderazgo mundial.

    Dos geopolticos italianos, Agostino Degli Espinosa y Carlo Maria Santoro, en pocas distintas y muy lejanas entre s, respectivamente en los aos 30 y 90, han constatado una importante caracterstica de los EEUU, la de estar incapacitados para gobernar, para administrar.

    Escriba en el lejano 1932 Agostino Degli Espinosa; Amrica no quiere gobernar, quiere simplemente poseer de la manera ms simple, es decir, con el dominio de sus dlares, y continuaba afirmando que gobernar no significa nicamente imponer leyes y voluntades: significa dictar una ley a la cual el espritu del pueblo o de los pueblos se adhiera de modo que entre el gobierno y los gobernados se forme una unidad espiritual organizada (11).

    Afirmaba, con una distancia de ms de sesenta aos, Carlo Maria Santoro: las potencias martimas [] no saben imaginar, ni siquiera conceptualmente, la conquista y la administracin, es decir, la subdivisin jerrquica de los grandes Imperios continentales (12).

    La especificidad talasocrtica de los EEUU, identificada por Santoro, y la incapacidad de gobernar, en el sentido expuesto ms arriba, de manera magistral, por Degli Espinosa, explican mejor que cualquier otro anlisis el declive de la Potencia norteamericana. Obviamente, tambin hay que aadir a esto los elementos crticos conectados al grado de expansin del imperialismo estadounidense: despliegue militar, gasto pblico, escaso sentido de la diplomacia.

    Recientemente tambin el economista francs Jacques Sapir ha llegado a afirmar la ineptitud de los EEUU en la gestin del actual momento histrico. Para el director de la Escuela de Pars para los Estudios de las Ciencias Sociales (EHESS), ms bien, ya la crisis de 1997-1999 haba mostrado que los Estados Unidos eran incapaces de dominar la liberalizacin financiera internacional que haban suscitado e impuesto a numerosos pases (13). Evidentemente, para Sapir la mundializacin es un aspecto del expansionismo estadounidense, siendo,en gran medida, la aplicacin de la poltica americana que l considera que es una poltica voluntarista de apertura financiera y comercial (14). En su momento, cuando las recetas liberales estadounidenses, canalizadas a travs de los dictados del Fondo Monetario Internacional, fracasaban en Indonesia y, con razn, eran rechazadas duramente por Kuala Lumpur, fue, significativamente, subraya Sapir, la poltica econmica responsable que adopt Pekn lo que asegur la estabilidad de Extremo Oriente.

    Es interesante observar que la aceleracin del proceso de reduccin econmica y poltica de los EEUU (2007-2008) ha tenido lugar precisamente cuando a la cabeza del pas se encuentra un grupo de poder que se remite a las ideas de los think tanks neoconservadores. Los neocons, como se sabe, han impulsado en la mayor medida posible a Washington para que acte en los ltimos aos al menos a partir de 1998, ao en que comienza la revolucin en los asuntos militares con una poltica exterior agresiva y expansionista; tal poltica ha sido llevada a cabo en estricta coherencia con los principios veterotestamentarios ( el impulso mesinico como componente del patriotismo estadounidense y como constante del carcter nacional) que les distinguen y con la particular declinacin, en sentido conservador, de la conocida tesis trostkista de la revolucin permanente. Esta tesis, adems de constituir en cierto sentido el sustrato terico de la estrategia de la permanent war, definida por el vicepresidente Dick Cheney y puesta en prctica de forma escrupulosa por la Administracin Bush durante los ltimos dos mandatos presidenciales (2000-2008), renueva la caracterstica geopoltica del caos de Washington.

    Amrica indolatina y Eurasia

    Si, atrapados entre las necesidades de orden estratgico (control de Rusia y de China en Eurasia, de Brasil , de Argentina y del rea del Caribe en su propio hemisferio) y una profunda crisis econmico-financiera, los EEUU parece que estn confusos y oscilan entre una poltica exterior incluso ms agresiva y muscular respecto al pasado reciente y una reconsideracin realista de su propio papel mundial, los mayores pases eurasiticos, Rusia y China a la cabeza, y los ms importantes pases sudamericanos, Argentina y Brasil, parecen cada vez ms conscientes de sus propias potencialidades econmicas, polticas y geoestratgicas.

    Esto obliga a los analistas y a los encargados de las decisiones polticas a utilizar nuevos paradigmas para interpretar el presente. Los esquemas interpretativos del pasado, basados en las dicotomas Este-Oeste, Norte-Sur, centro-periferia, no parece que valgan ya. Ser conveniente analizar el presente, con la finalidad de captar los elementos necesarios para trazar los posibles escenarios geopolticos futuros, desde la perspectiva continental y multipolar de las alianzas y de las tensiones entre los actores globales; en particular, ser preciso concentrar la atencin sobre los ejes intercontinentales entre los dos hemisferios del Planeta.

    El BRIC (Brasil, Rusia, India y China), el nuevo eje geoeconmico entre Eurasia y la Amrica indolatina, es ya una realidad bien definida, capaz de atraer, en el futuro prximo, a otros pases eurasiticos y sudamericanos. Si, a corto-medio plazo, tal eje se consolida, el sueo occidentalista ingls de una comunidad euroatlntica, de Turqua a California (15), y el sueo mundialista de los EEUU, construido sobre la triada Norteamrica, Europa y Japn, estaran destinados a seguir siendo eso: sueos.

    La reciente cumbre de los Ministros de Asuntos exteriores de los pases del BRIC (mayo 2008, Yekaterimburgo, Rusia) que ha confirmado la intencin de los nuevos pases emergentes de entrelazar ulteriormente las relaciones econmicas y polticas, ha sido percibida por los EEUU como una autntica afrenta. A esto hay que aadir tambin la reunin de los Big Five (Brasil, India, China, Mjico y Sudfrica) que tuvo lugar en Sapporo en julio de 2008 en coincidencia con la cumbre de Hokkaido del G8.

    Cuando Putin se convierte en primer ministro de la Federacin Rusa (agosto de 1999) comienzan a ponerse en marcha consistentes relaciones econmicas entre Rusia y los pases sudamericanos, para luego intensificarse en el curso de los ltimos aos hasta asumir una decidida dimensin poltica.

    Mientras, el inters de China hacia la Amrica meridional se remonta a abril de 2001, con la histrica visita del presidente Jiang Zemin a distintas naciones del subcontinente americano. China, en busca de materias primas y de recursos energticos para su propio desarrollo industrial, considera a Brasil, Venezuela y Chile compaeros privilegiados y estratgicos (se cuentan, hasta hoy, entre 400 y 500 acuerdos comerciales entre Pekn, los principales pases sudamericanos y Mjico) hasta el punto de invertir en ellos destacados capitales para la realizacin de importantes infraestructuras.

    Los intereses rusos y chinos en Amrica meridional, por tanto, aumentan da tras da. El coloso ruso Gazprom (junto a la italiana ENI) cierra contratos con Venezuela (septiembre de 2008) para la exploracin de las reas Blanquilla Este y La Tortuga, en el mar del Caribe, a aproximadamente 120 kilmetros al norte de la ciudad de Puerto la Cruz (Venezuela septentrional), y Mosc aprueba un plan para la creacin de un consorcio petrolfero en Amrica meridional. Adems, la Lukoil firma un memorandum de acuerdo con la compaa petrolfera venezolana, la PDVSA, Chvez se dirige a Pekn (septiembre de 2008) para firmar una veintena de acuerdos comerciales con Hu Jintao, referentes a suministros agrcolas, tecnolgicos y petroqumicos as como se compromete a proporcionar quinientos mil barriles de petrleo al da para 2010 y un milln para 2012.

    Adems, Pekn y Caracas, despus de los acuerdos cerrados en mayo de 2008, en septiembre del mismo ao, alcanzan acuerdos para la instalacin de una refinera de propiedad comn en Venezuela y para la realizacin conjunta de una flota de cuatro petroleros gigantes y para el aumento de los envos de petrleo a China.

    La Amrica meridional y el Caribe no parece que sean ya el patio trasero de Washington. Las preocupaciones aumentan para Washington, cuando Nicaragua reconoce las repblicas de Osetia y Abjasia del sur, cuando Venezuela acoge bombarderos estratgicos rusos de largo alcance y, sobre todo, cuando el proceso de integracin de la Amrica meridional es acelerado por los acuerdos estrechsimos entre Buenos Aires y Brasilia. Las relaciones entre los dos mayores pases del subcontinente americano se han concretado recientemente (septiembre 2008) con la adopcin del sistema de pago en moneda local (SML) para el intercambio econmico-comercial. La adopcin del SML en lugar del dlar estadounidense representa un autntico primer paso hacia la integracin monetaria de toda la zona MERCOSUR y la constitucin embrionaria de un polo regional que, de forma verosmil, gracias sobre todo a las ya consolidadas relaciones con Rusia y China en el mbito econmico y comercial, podra desarrollarse en el breve transcurso de un lustro. El nerviosismo de Washington asciende, adems, cuando Pekn y Rusia expanden su influencia en frica y establecen relaciones de colaboracin con Irn y Siria.

    Sin embargo, ms all de los siempre importantes y necesarios acuerdos econmicos, comerciales y polticos, para que el nuevo sistema multipolar pueda desarrollarse adecuadamente, sus dos pilares, Eurasia en el hemisferio nororiental y la Amrica indolatina en el sudoccidental, tendrn que asumir, necesariamente, el control de sus propios litorales y contener las tensiones internas (a menudo suscitadas artificialmente por Washington y Londres) su verdadero taln de Aquiles.

    De hecho, para hacer frente a los EEUU para encontrar, por tanto, soluciones razonables y equilibradas que reduzcan, a nivel planetario, sin ulteriores convulsiones, su grado de perturbacin China y Rusia deben considerar que, actualmente, la ex hiperpotencia es seguramente una nacin perdida, pero con todo sigue siendo una entidad geopoltica de dimensiones continentales, duea de sus litorales y, todava, con una potente flota naval (16), presente en todos los tableros del Planeta. Recientemente, recordamos, Washington ha reactivado la Cuarta Flota (por ahora constituida por once naves, un sumergible nuclear y un portaviones) para demostrar, de forma amenazante, su propio compromiso entre sus compaeros centroamericanos y sudamericanos. La siempre temible potencia estadounidense impone a Eurasia, principalmente a Rusia que constituye su punto de apoyo, pero tambin a China, que active una poltica de integracin, o de mayor colaboracin, hacia el rea peninsular e insular de la masa continental, es decir, hacia Europa y Japn. En tal contexto es preciso considerar la nueva poltica del presidente Medvedev en relacin a la potenciacin de las fuerzas armadas rusas y, en particular, a la modernizacin de la marina militar (17). Aunque nos encontramos en la era de la llamada geopoltica del espacio y de la geoestrategia de los misiles y de los escudos espaciales, el elemento naval representa, ya desde hoy, un importante banco de pruebas sobre el cual los actores globales estn llamados a experimentar sus propias estrategias durante, al menos, la prxima dcada, ya sea en los mares interiores (el Mediterrneo, el mar Negro, el Caribe) como en los ocanos.

    Con el fin de comprender plenamente los futuros movimientos de la potencia del otro lado del Ocano, Pekn y Mosc haran bien en tener presente lo que escriba, hace no muchos aos, Henry Kissinger: Geopolticamente Amrica es una isla distante del gran continente eurasitico. El predomino por parte de una sola potencia de una de las dos esferas principales de Eurasia Europa o Asia- constituye una buena definicin de peligro estratgico para los Estados Unidos, con guerra fra o sin ella. Ese peligro debera ser frustrado aunque esa potencia no mostrase intenciones agresivas, ya que si estas acabaran por desarrollarse despus, Amrica se encontrara con una capacidad muy disminuida de resistencia eficaz y con una incapacidad creciente de condicionar los acontecimientos (18).

    De manera perfectamente especular al caso de Eurasia, un discurso anlogo vale tambin para la Amrica indolatina. La Amrica indolatina es decir, por el momento, Brasil, Argentina y Venezuela est obligada por evidentes motivos geoestratgicos, a contener las tensiones que alimentan la inestabilidad de una parte del arco andino (19), en particular la boliviana, que constituye el rasgo territorial que conecta la costa occidental a la oriental del subcontinente americano. Brasilia, Buenos Aires, Santiago y Caracas si realmente quieren librarse de la tutela estadounidense tendrn necesariamente que incrementar sus relaciones polticas y militares y prestar particular atencin a la potenciacin de sus propias flotas marinas, civiles y militares. Las condiciones actuales, gracias al amigo lejano que representan las potencias eurasiticas, parecen jugar a su favor. Las condiciones actuales, es obligado decirlo, juegan a favor tambin de Europa y de Japn.

    Para el equilibrio del Planeta, sin embargo, hay que esperar slo que los EEUU tomen nota razonablemente de su nueva dimensin y que no busquen, por tanto, insensatas estrategias de revancha.

    Notas

    1. La actual crisis econmico-financiera se remonta, segn algunos especialistas, entre los que se encuentra Jacques Sapir, a la del trienio 1997-1999. Jacques Sapir, Le nouveau XXI sicle. Du sicle amricaine au retour des nations, Seuil, Pars 2008, p.11. Recordamos que los EEUU de 1992 a 1997, con la conviccin de ser ya la nica potencia mundial, canalizaron, en apoyo a su estrategia de dominio mundial, una campaa ideolgica destinada a abrir las economas del mundo al libre comercio y al libre movimiento de los capitales a escala global (Chalmer Johnson, Gli ultimi giorni dell'impero americano, Garzanti, Miln 2001, p. 290).

    2. Chalmer Johnson, Gli ultimi giorni dell'impero americano, Garzanti, Milano 2001, ediz. orig. Blowback, The Costs and Consequences of American Empire, Little Brown and Company, Londres 2000.

    3. Emmanuel Todd, Aprs lempire. Essai sur la dcomposition du systme amricain, Gallimard, Paris 2002. Ed. italiana, Dopo limpero, Tropea, Miln 2003.

    4. Chalmer Johnson, op. cit., p. 59.

    5. Chalmer Johnson, op. cit., p. 58.

    6. El sistema internacional se va disgregando no slo porque nuevas potencias agresivas dotadas de escaso sentido del equilibrio tratan de dominar los pases fronterizos, sino tambin porque las potencias en proceso de declive, lugar de regularse y adaptarse, tratan de cimentar su propio predominio inestable transformndolo en una hegemona rapaz, David. P. Calleo, Beyond American Hegemony: The future of the Western Alliance, New York 1987, p. 142, cita extrada de Chalmer Johnson, op. cit., p. 312.

    7. Michael Lind, How the U.S. Became the World's Dispensable Nation in Financial Times, 26 de enero de 2005.

    8. Luca Lauriola, Scacco matto all'America e a Israele. Fine dellultimo Impero, Palomar, Bari 2007.

    9. Claudio Mutti, Resea a L. Lauriola, Scacco matto allAmerica e a Israele, www.eurasia-org, 27 enero 2008.

    10. Tiberio Graziani, Geopolitica e diritto internazionale nellepoca delloccidentalizzazione del pianeta, en Eurasia. Rivista di studi geopolitici, 4/2007, p. 7.

    11. Agostino Degli Espinosa, Imperialismo USA, Augustea, Roma-Miln 1932-X, p.521.

    12. Carlo Maria Santoro, Studi di Geopolitica, G. Giappichelli, Miln 1997, p. 84.

    13. Jacques Sapir, op. cit., pp. 11-12.

    14. Jacques Sapir, op. cit., pp. 63-64.

    15. Sergio Romano, en relacin a la poltica inglesa antieuropea, responda as a dos lectores del peridico Corriere della sera: El objetivo ingls es una gran comunidad atlntica, desde Turqua a California, de la cual Londres,por supuesto, sera el eje y la bisagra, Sergio Romano, Perch difficile fare l' Europa con la Gran Bretagna, Corriere della sera, 12 junio 2005, p. 39.

    16. Informa Alessandro Lattazione de que la flota de EEUU, hace diez aos, posea 14 portaviones y sendos grupos de batalla. Hoy tiene, sobre el papel, 10 pero slo 5/6 estn operativos. Alessandro Lattanzio, La guerra finita?, informe presentado en el FestivalStoria, Turn, 16 octubre 2008.

    17. Alessandro Lattanzio, Il rilancio navale della Russia, www.eurasia-rivista.org, 1 octubre 2008.

    18. Henry Kissinger, Larte della diplomazia, Sperling & Kupfer Editori, Miln 2006, pp.634-635.

    19. Como se sabe, los analistas subdividen la Amrica meridional en dos arcos: el arco andino, constituido por Venezuela, Colombia, Ecuador, Per, Bolivia, Paraguay y el arco atlntico, constituido por Brasil, Uruguay, Argentina y Chile.

    Fuente: America indiolatina ed Eurasia: i pilastri del nuovo sistema multipolare

    Artculo original publicado en el nmero 3/2008, septiembre a diciembre de 2008

    Sobre el autor

    Traducido por Javier Estrada Martnez. Esta traduccin se puede reproducir libremente a condicin de respetar su integridad y mencionar al autor, al traductor y la fuente.

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