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    Textos | America del Sur y la Difensa | Vollmar | 2002 Напечатать текущую страницу
    Archivio de EURASIA a cura di Martino Conserva original text

    Fernando Fuenzalida Vollmar

    SUDAMERICA Y LA CUENCA DEL PACIFICO

    CONSIDERACIONES SOBRE SEGURIDAD Y DEFENSA EN EL AÑO PRIMERO DEL SIGLO QUE SE INICIA
     El siglo XX ha sido un siglo sanguinario. El más sangriento de la historia según la frase atribuída a Juan Pablo, el Papa. En el curso de ese siglo ha sido combatida una feroz guerra civil en el seno de la civilización occidental. Se combatió por el dominio de las almas con el instrumento de las ideologías –vulgarización de cosmovisiones antagónicas, versiones polarizadas de la realidad y de la ciencia, de la jerarquía de valores y de las normas individuales y sociales de conducta-- que trataron de darle nueva forma al mundo humano a su propia semejanza.

    Las ideologías encarnaron en partidos y los partidos polarizaron el espacio nacional y geográfico entre las potencias más desarrolladas del oriente extremo y las del occidente extremo de Europa y su prolongación americana. 

    Por debajo y en la retroescena del conflicto de las cosmovisiones y los proyectos de futuro persistieron antagonismos más antiguos nacidos del condicionamiento demográfico, del enmarque de la escena y los vectores definidos por la geografía, de la competencia por el dominio de recursos y mercados y de las necesidades impuestas por el desarrollo de la tecnología, la sofisticación creciente del aparato destructivo y la cada vez más estrecha dependencia de este aparato destructivo con las retaguardias productivas, según la terminara describiendo el general Dwight Eisenhower en su discurso de despedida ya famoso . 

    Fueron estos antagonismos los que a comienzos de siglo habían sido definidos por Mahan y MacKinder como los que habían ya opuesto a las naciones a lo largo de los siglos: antagonismos entre Océano y Continente, entre las orientaciones productivas y las orientaciones comerciales, entre las voluntades de arraigo y las voluntades de expansión. Y aunque por causa de la expansión globalizante de occidente desde la era colonial este conflicto terminó involucrando a las naciones dependientes de tradiciones civilizatorias ajenas a su origen y a sus causas, en todo momento el centro de gravedad se mantuvo vinculado a las áreas definidas por MacKinder como las de la Isla Mundial (Europa, Africa y Asia), el Heartland (centro geográfico de poder ubicado en la zona que articula el Asia y Europa) y la Fortaleza (región de los Urales). Las estrategias empleadas a lo largo del conflicto constituyeron en lo fundamental formulaciones derivadas de la doctrina de equilibrios definida desde los tiempos de Klausewitz y Metternich: perímetro de seguridad, distensión, contención y disuasión, sometidas a una constante revisión en la medida en que se afirmaba la expansión de los espacios de interés y del alcance de las nuevas armas. La propaganda y la guerra psicológica encontraron un espacio privilegiado en el conflicto de las ideologías y en los descontentos de los pueblos de una y otra parte con los respectivos sistemas y estilos de economía y de gobierno.

     Las naciones que MacInder definiera como periféricas, identificadas ahora como tercermundistas participaron en los roles de comparsas o fueron escenarios de confrontamientos militares secundarios desplazados de la zona propiamente disputada. La América Latina, involucrada pasivamente en el conflicto, amenazada de ambos lados e históricamente devenida en vulnerable por causa de su fragmentación y su retraso tecnológico, se definió casi desde el primer momento como tercermundista o periférica más que como extensión del occidente y, aunque involucrada en sus versiones propias de los conflictos ideológico-políticos del hemisferio norte, optó desde los fines de la 2a. Guerra por una política de alianzas continentalistas que se fundamentó en una versión nueva atemperada de la doctrina Monroe y encontró su encarnación en el panamericanismo. 

    La incapacidad de la América Latina para establecer los balances necesarios entre su propia vulnerabilidad y la fortaleza de su aliado principal en la América del Norte, terminó subordinando su aparato militar y sus doctrinas de seguridad y de defensa a los intereses militares del hegemón extremo-occidental. A cambio de las concesiones en materia de soberanía a las que esta alianza la obligó, la América Latina se mantuvo durante la Guerra Fría relativamente segura y aislada de los escenarios en los que se combatió los conflictos más intensos y aunque tuvo que enfrentarse durante casi medio siglo con las actividades subversivas del hegemón del Este, el único conflicto armado que se vio obligada a confrontar directamente fue el de las Malvinas, entre Inglaterra y Argentina, respaldada la primera por la OTAN a la que Argentina se encontraba igualmente vinculada. Paradójicamente –aunque no sin que esto respondiera a una lógica que resultaba oscurecida por la Guerra Fría-- la causa de esta guerra fue la necesidad en que la Argentina se encontró de defender su soberanía en contra de sus propios aliados estratégicos. De éste y de los conflictos del Caribe, aunque no de sus repercusiones y consecuencias a corto y a más largo plazo, el Perú se mantuvo afortunadamente protegido durante toda la segunda mitad del siglo XX.

    El inesperado –para muchos-- fin de juego de finales de la década de 1980 con la caída del Muro de Berlín y del Soviet Supremo, señala los comienzos de la época que llamamos hoy de la Globalización y la Postmodernidad, acompañados de una breve temporada –un veranillo-- de distensión y de euforia. Este veranillo fue, por aquel entonces, celebrado como una verdadera primavera por el utopismo ingenuo de analistas como Francis Fukuyama , quien anunció el advenimiento de la Paz Perpétua, Pax Americana –una era o un milenio de desbordante prosperidad que, garantizada por la libre universalización de los mercados, universalizaría también la democracia y vería la emergencia de un gobierno planetario bajo el benévolo y paternal monohegemonismo de la potencia vencedora: los Estados Unidos de Norteamérica. 

    Daniel Patrick Moynihan, unos cuantos años antes se había adelantado a esta tesis con un libro que resultó, a fin de cuentas, más profético. En él, Moynihan llamaba la atención sobre la persistencia de los etnicismos y los nacionalismos y hacía a ésta persistencia responsable por la inestabilidad igualmente persistente de las relaciones internacionales. Moynihan identificó al principio de libre determinación como el principal enemigo de la paz y la seguridad de los Estados Unidos de América del Norte. Su libro, aunque menos difundido y comentado que el de Francis Fukuyama, ha dejado una huella más profunda que este último en la política exterior norteamericana de estos dias . 

    Casi simultáneamente, otros dos analistas de relieve intervinieron en la discusión. El primero fue Samuel P.Huntington quien, llevando su atención a los procesos de tránsito acelerado que la Comunidad Europea –espacio unificado, por entonces de carácter apenas económico--  hizo en dirección a la Unión Europea –espacio de unificación política y eventualmente militar—en los curso de los años inmediatos a la caída del Soviet Supremo, así como a los procesos del fundamentalismo islámico y las perspectivas ofrecidas por el tránsito de China desde el comunismo hacia el nacionalismo eurasista, presentó un panorama alternativo inspirado, al menos parcialmente, en la tesis de Oswald Spengler acerca de la Decadencia de Occidente. Huntington advierte de una intensificación inminente en los conflictos acompañada por un salto de escala de los confrontamientos al nivel de las grandes civilizaciones organizadas como estados. Identifica siete de éstas como peligrosos rivales potenciales de los EEUU por el futuro dominio del planeta. Entre las identificadas se encuentra la Latinoamericana . Poco antes, y enfocando la mirada desde otra perspectiva, la de las etnicidades emergentes en conflicto John Naisbitt, otro de los analistas de la globalización enfocó la mirada sobre el hecho paradójico de que la articulación acelerada de los superestados continentales y civilizatorios está generando, casi en todas partes, una contrafuerza afirmadora de las pequeñas identidades regionales, culturales, religiosas, raciales y lingüísticas que persiguen su independencia y soberanía como estados territoriales y se esfuerzan en lograrla oponiéndose a las consolidaciones de mayor escala, enfrentándose tanto a las comunidades continentalistas como a las unidades nacionales y empleando el terrorismo como arma privilegiada de confrontación. Solamente en Europa existen más de quinientas de estas identidades como fuentes potenciales de conflicto, algunas de ellas habiendo generado ya enfrentamientos armados de relativa intensidad como los de los Balcanes y del Cáucaso, otros acudiendo al terrorismo como en el caso de los bretones y los corsos, otros al narcotráfico y al crimen organizado como los chechenos y otros relativamente dialogantes como los padanos de Italia del norte y los franco-canadienses pero ejerciendo presiones políticas de mayor escala sobre los estados nacionales . 

    No menos importante ha sido en este proceso de reanálisis de las nuevas condiciones de seguridad que se imponen al planeta el aporte del antiguo Secretario de Estado norteamericano, Zbignew Brzezinski, quien identifica las beligerancias nacionales en la zona de Eurasia, la proliferación de armas de destrucción masiva, la proliferación de los conflictos entre el sur y el norte y el riesgo de un renacimiento del fascismo entre otros fenómenos que asedian al hegemonismo norteamericano y que obstaculizan la consolidación de la Pax Americana . Brzezinski, se mantiene fiel a las doctrinas de Mahan y MacInder y asume como perspectiva explícita la aspiración nacional americana a un estado de total hegemonismo. Pero su punto de vista es pesimista. Para él, la declinación acelerada de la cultura y la conciencia cívica de los EEUU hacen desde ahora casi inevitable la derrota americana en los confrontamientos de este siglo .

    Casi al terminar el primer año del milenio que comienza, los hechos parecen confirmar el pesimismo que ha venido sucediendo a la euforia fukuyámica. 

    Un informe muy recientemente presentado al Presidente Bush por el National Defense Council Foundation sostiene que “el modelo de la Guerra Fria bipolar se ha desintegrado en un sistema en el que conflictos producidos al azar emergen en todos los rincones de un mundo interdependiente”, que “las naciones más desarrolladas, incluidos los Estados Unidos, no han desarrollado programas adecuados para el enfrentamiento de esos conflictos de baja intensidad que se multiplican a un ritmo alarmante”. “Bush –añade—deberá enfrentarse a un mundo de conflicto incrementado”. De un total de 193 países que fueron examinados, no menos de 68,  más de un tercio, se encontraban en situaciones de conflicto militar por causa de la actividad de ejércitos irregulares, narcotraficantes armados, milicias tribales o étnicas, organizaciones políticas militarizadas o mafias del delito organizado. Todas estas situaciones son conflictos que estallaron después de la caída del muro de Berlín . La mayoría de ellos –añade finalmente—han sido objeto de intervenciones internacionales de motivación humanitaria que resultaron totalmente ineficaces y agravaron los conflictos encontrados.

    Otro informe publicado, a comienzos de este año, por la National Defense University llega a las mismas conclusiones que Bzezinski: “el contexto económico y social de la post Guerra Fria –es su conclusión-- resulta análogo en sentidos importantes a la clase de mundo que describe la Teoría del Caos” . 

    De su parte, en un informe emitido también en los primeros meses de este año por el Pugwash Study Group on Intervention, Sovereignty and International Security, Gwyn Prins, experto en políticas de intervención, comentando una observación del diplomático británico Robert Cooper, reconoce que las intervenciones internacionales y unilaterales han dado lugar a un verdadero ciclo de explosiones desde los finales de la Guerra Fria. Comenta que la gradual liquidación de los derechos de soberanía de los estados nacionales y el debilitamiento de los roles otorgados a las Naciones Unidas y al Consejo de Seguridad están siendo fuentes de ansiedad creciente en el ámbito internacional. Reconoce dos hechos evidentes al iniciarse el nuevo siglo. El primero que la condicionalidad impuesta a las soberanías nacionales –y que se ha convertido en una preocupación primaria de la China y la Federación Rusa—ha terminado por resultar más impositiva que si hubiera sido originada en la directa imposición de un hiperestado o en la directa dictadura de un estado sobre otros. El segundo, que el rechazo “brutalmente claro” de esas dos potencias atómicas a tal imposición, hecho explícito por declaraciones emitidas desde el último diciembre, “ha encontrado considerable simpatía entre las elites políticas de la mayoría de los estados tercermundistas y en las de los los excoloniales independizados durante el reciente medio siglo” .

    Confirmando la mirada pesimista que dirigen al futuro todos estos analistas, el informe proyectado al 2015 presentado por la CIA el último diciembre describe un conjunto de hasta cuatro escenarios potenciales a cual más negativo. En todos ellos “los efectos negativos de la globalización promueven dislocación extensiva y conflicto o alientan los regionalismos”. En todos ellos, “la influencia global de los EEUU se desvanece”. Algunas de las proyecciones que el informe de la CIA infiere de la situación actual, son las siguientes: “...la economía de los EEUU se debilita y termina en estancamiento. Crecen las tensiones entre Europa y los EEUU y la alianza entre los dos se deteriora mientras que los EEUU retiran sus ejércitos y Europa se vuelve hacia sí misma apoyándose en sus propias instituciones regionales. En América Latina, al mismo tiempo, las crisis de gobernabilidad crean inestabilidad especialmente en Colombia, Cuba, México y Panamá obligando a los Estados Unidos a concentrarse en la region”. “El conflicto es mínimo en el interior de los espacios hegemónicos y entre los estados que se benefician de la globalización. Una minoría –Africa Subsahariana. Medio Oriente, Asia Central y Meridional y los países de la región andina no se beneficiarán de los cambios positivos, y persistirán los conflictos en y alrededor de esos países”. “En conjunto y en el mediano y largo plazo seguirán multiplicandose conflictos, alimentados por la frustración de expectativas, las desigualdades y el crecimiento de las tensiones comunales: las armas de destrucción masiva seguirán proliferando y terminarán por ser usadas por lo menos en uno de esos conflictos internos” .

    Las previsiones parecen confirmarse. Podría añadirse a este respecto que los todavía más recientes desacuerdos sucesivos entre los EEUU y los estados de la Unión Europea en torno a asuntos tales como los del espionaje económico-industrial, los del uranio empobrecido, los acuerdos de Tokio,  la OTAN y el Ejército Europeo, el escudo misilístico y, en el curso de las últimas semanas, el tratado internacional de prohibición del armamento bioquímico, así como la nueva condición disminuída de la ONU y del Consejo de Seguridad en la decisión de los asuntos planetarios, han efectivamente terminado por provocar también irritación entre los europeos. La exclusión de los EEUU en  la Comisión de Derechos Humanos de la ONU, ocurrida hace unos días, es un síntoma más del estado de ánimo que se viene generando. Y, si bien es cierto que lo que se adelante en ese informe sobre el inmediato desarrollo de las tensiones sociales internas a Cuba, Panamá y México no se avizora todavía, en el último año la inestabilidad de Colombia ha progresado junto con la ecuatoriana, la boliviana y la peruana y ,por un momento, ha parecido, en las últimas semanas que los roces fronterizos del Perú en una y otra dirección se hayan querido renovar. . 
    Un informe tan reciente como los anteriores es el que ha hecho público la U.S.Comisión On National Security: “Los Estados Unidos no son inmunes a amenazas planteadas por armas de destrucción o disrupción de masa”. “Catastróficas acciones de violencia o terroristas podrán causar un número de bajas superior al que se haya podido siquiera imaginar hasta el momento”. “Debemos prepararnos para enfrentar desastres y en especial emergencias provocadas por el uso de armamento de destrucción masiva”. “Mantener fuerzas nucleares y convencionales cada vez más poderosas es de alta prioridad tanto para la protección territorial como para las misiones en el extranjero”. “Las fuerzas disuasivas podrían tener poca eficacia al enfrentarse a grupos apoyados en secreto por estados o individuos motivados por agravios reales o imaginarios” . Otro informe, todavía más reciente, difundido por la ONU y publicado en Londres por el diario Guardian el dia 7 de mayo de este año, hace saber que entre 1993 y 2001 se ha registrado ya no menos de 550 incidentes vinculados con tráfico ilegal de material nuclear de los cuales 370 confirmados  y que no menos de cien grupos terroristas podrían disponer ahora mismo de armamento atómico.

    Mientras tanto, como anticipaba Huntington, el breve interludio unipolar se desplaza de retorno a la bipolaridad o tiende hacia la multipolaridad. El antagonismo y confrontamiento histórico entre el mar y el continente descrito por McKinder está otra vez en marcha, asumiendo ahora la figura de un confrontamiento entre atlantismo y eurasismo. Las líneas de avance retoman la direccionalidad que han mantenido durante varios siglos independientemente de los sucesivos contextos ideológicos. La Federación Rusa, a la que no se debe ya subestimar, levanta la cabeza gradualmente después de la derrota de la Unión Soviética y afirma posiciones frente al unihegemonismo. Retoma, para esto, como lo hice ya notar en un artículo que data de julio del 2000 (Fuenzalida Vollmar, Fernando: Pacífico, Mar del Sur o Mare Nostrum –El Nuevo Pivote Geopolítico de la Historia) sus tres vectores tradicionales: el primero hacia occidente, persiguiendo un nuevo entendimiento con Berlín y asegurando posiciones en las zonas balcánica con Serbia, y en la Oriental Europea con Ucrania; el segundo en dirección meridional, centrando su atención en la barrera afgana con la intención explícita de alcanzar una salida al Oceano Indico y a las puertas de Bab el Mandel y Adén; en los meses más recientes un doble pacto militar, con la India –potencia atómica tambien y con Irán asegura finalmente a la Federación un acceso a estos espacios; el tercero hacia el oriente, mediante el establecimiento del Pacto Eurasiático que la liga una vez más al destino de la China, en crecimiento y potenciada por la bomba de neutrones, y que busca activamente proyectarse a una Corea reunificada, también atómica y activamente unida –sur y norte-- a Rusia en su oposición al escudo misilístico, a un Taiwán conciliador y económicamente poderoso cuyo presidente anuncia ya una visita oficial al Continente para octubre próximo y a un Japón en crisis, que se muestra resentido por las manipulaciones especulativas del mercado financiero de occidente. La estructura de esta red de alianzas que se viene construyendo se ha cerrado en el área centroasiatica por la reciente creación del Grupo de los Cinco de Shanghai y alcanza ya a la América del Sur a través de los pactos militares entre Venezuela y la Federación. Organizaciones económicas como el PBEC, el PECC y la APEC constituyen una trama que refuerza los contactos en esa dirección. Persiste la Federación, con esto, en la estrategia clásica de la telurocracia, consistente en la generación de espacios de dominio a partir del heartland euroasiático, afirmados en la masa continental, dotados de continuidad espacial y articulados en virtud de alianzas o anexiones. China es hasta ahora la  principal beneficiaria de todos estos movimientos. Motivo de preocupación para los EEUU ha sido ya la transferencia del Canal de Panamá a los capitales chinos, así como la construcción por esos mismos capitales de un gigantesco megapuerto en las Bahamas.

    En cuanto al sistema Atlántico --advertía yo en el artículo citado-- mejor representado en el momento por la NATO que por la asociación política entre los Estados Unidos y la Comunidad Europea, prosigue también un triple avance: en primer lugar hacia el oriente afirmando posiciones sobre la Europa Central y Oriental y los Balcanes y extendiendolas a Ucrania; en segundo lugar hacia la región meridional abandonando al Africa anarquizada y devastada, afirmando su dominio neutralizador sobre la América del Sur, constituída por "países nominalmente independientes" como los designa Alexandre de Marenches el ex Jefe de los Servicios Secretos Franceses, y manteniendo posiciones en la zona Sur Pacífico, en tercer lugar hacia occidente bajo la forma de una penetración económica y cultural que se afirma sólidamente en la zona ruso siberiana y que crece venciendo resistencias en el mismo Heartland de la Federación. Persiste, con esto, de su parte, en la estrategia clásica de la talassocracia, consistente en el dominio de los espacios de comunicación y de transporte, afirmado fundamentalmente en los océanos y orientado a la supremacía en el control de la economía, la finanza y el comercio como instrumentos del poder político. 

    Hans Morgenthau de la universidad de Chicago había hecho notar hace ya  algunos años que, más allá de las controversias ideológicas del capitalismo y el marxismo lo que el confrontamiento océanico-telúrico hacía manifiesto era el confrontamiento entre dos principios morales en conflicto. Desde la perspectiva americana de Hans Morgenthau éstos principios son los de la libertad y la tiranía, desde la perspectiva rusa de teóricos actuales como Alexander Dugin se trata más bien del individualismo ateo y secularizante contra el solidarismo alimentado por la tradición cristiana de la Santa Rusia.. Cualquiera que sea la interpretación queda un hecho en evidencia: la ideología de la democracia representativa anglosajona y el mercado libre se enfrenta en este nuevo despliegue de las fuerzas con una poderosa resistencia que ideológicamente se nutre no ya del materialismo ateo del  marxismo comunista sino de las identidades y tradiciones religiosas de los pueblos implicados. Es ahora la Iglesia Ortodoxa y no el Partido Comunista el más entusiasta defensor de la doctrina eurasista y del nuevo proyecto de Pax Eurasiática, así como lo son, en la Comunidad Europea y en la América Latina, la Iglesia Católica y la Luterana y, en el área afroasiática, el Islam los más ardientes críticos del neoliberalismo y de las globalizaciones asimétricas y defensores de las identidades nacionales y étnicas. 

    Hecha explícita la vocación eurasista de la Federación Rusa después de los rechazos hechos a su integración tanto por la NATO como por la Comunidad Europea y completada la articulación de su eje de expansión hacia el oriente por el Pacto Eurasiático firmado con Pekín, India e Irán al mismo tiempo que el hegemonismo de los Estados Unidos con la NATO garantiza la estabilización del eje de expansión del atlantismo sobre las costas del Pacífico, los dos vectores del conflicto han terminado por encontrarse finalmente no sólo en la región balcánica en donde se revela en estos dias  (Insight Magazine, Declaraciones del Representante Roscoe Bartlett, mayo 5 2001) que en 1999 los EEUU y Rusia estuvieron al borde de un confrontación atómico por causa de la crisis de Kosovo, sino también y sobre todo en este Océano que se hace centro de gravedad de los conflictos. En la zona meridional del Mar de China se vienen repitiendo los enfrentamientos ya desde hace varios años. Alexandre de Marenches, que ya desde el 1970 trabajaba en su oficina sobre un mapa centrado en el Pacífico, llama a este Océano "el Mare Nostrum del futuro" y "el pivote geopolítico del siglo XXI". En su análisis del proceso geopolítico en la región Pacífico, Marenches anuncia como centros de decision mundial futuros a San Francisco, Vancouver, Tokio, Pekin, Vladivostok y Sydney. Las estrategias de carácter océanico adquieren en tal forma un nuevo privilegio. Las tensiones generadas por los movimientos de apertura de la la nueva partida que se inicia en el tablero de lo que  llamó Brzezinski La Gran Partida de Ajedrez afectan ya a la América Latina y se traducen en los sucesivos confrontamientos encubiertos y maniobras de desestabilización que han afectado en estos dos últimos años al Perú, a Bolivia, a Venezuela y a Brasil, después de golpear con algo menor intensidad a Chile, Paraguay y la Argentina y han llevado al Plan Colombia a un plano primerísimo de preocupación para los analistas. El avance persistente de este plan hacia sus aparentes objetivos resulta reforzado por la dolarización de un Ecuador caotizado y la reciente firma de convenios que otorgan a los EEUU el privilegio para la construcción y manejo del megapuerto comercial y militar de Manta y de la ruta que unirá a ese país con el puerto atlántico de Manaos en Brasil. Los respectivos movimientos de apertura y de defensa en la partida, están aun en el momento teniendo como como foco y como blanco al todavía frágil proceso de unificación política y económica que fue parte del consenso  internacional andino que anunció el Acta de Lima de junio del 2000. El apremio por adelantar la incorporación de estos países en el ALCA que ha hecho manifiesto el gobierno de los EEUU en las recientes reuniones de Québec y San José forma parte de  la contraofensiva diplomática de ese país, todavía resistida por la América Latina bajo el liderazgo de Cardoso y Hugo Chávez. Una resistencia de la que el bloque latinoamericano ha dado muestras ya, en la reunión del mismo Pacto Andino en Valencia, Venezuela, en junio 2001, de estar debilitándose ante la presión.

    El interior de la América del Sur, como lo he hecho notar en otra parte, es el espacio de los "países nominalmente independientes" de que habla Marenches. Es al mismo tiempo el territorio del antiguo Imperio Hispano del Perú y del Tahuantisuyo efímero de Túpac Amaru. Comprende entre las regiones amazónica y chaqueña y las pampas argentinas una las áreas más ricas de recursos del planeta que se halla en su mayor parte inexplotada. Se trata, al mismo tiempo, de regiones despobladas o de baja densidad poblacional. Una densidad que podría ser más reducida todavía mediante políticas de población ad hoc que pusieran sus recursos a disposición de los crecimientos hegemónicos. La tendencia a incrementarse las invasiones migratorias hacia los espacios de mayor desarrollo económico podría, por ejemplo, ser eventualmente compensada expandiendo esos espacios hegemónicos hacia las zonas de mayor despoblación y máximos recursos que son ahora al mismo tiempo las de mayor pobreza y desarrollo mínimo. Si hemos de atenernos a las opiniones y a los juicios de los más importantes analistas, en el siglo que se abre la América Latina se convierte en ámbito de decisión geopolítica mundial y estos años que vivimos se convierten en "años de decisión", como llamó a los que vivía en Europa poco antes de la IIa Guerra, el historiador Oswald Spengler.

    Por lo pronto, ya se anuncia un viraje histórico en el énfasis del despliegue militar americano, con China suplantando a Rusia como antagonista principal. Una declaración hecha por el Secretario de Defensa Ronald Rumsfeld hacia fines del pasado mes de marzo 2001 concluyó en que será el Océano Pacífico a partir de ahora el foco principal de los intereses estratégicos de los EEUU  mientras la prensa americana reconocía en esto los indicios del comienzo de una nueva Guerra Fría. Aunque con el disentimiento del almirante Dennis Blair, Jefe del Comando del Pacífico Meridional la tendencia, hecha manifiesta repetidas veces por el Secretario de Defensa en los dos meses siguientes, viene a confirmar las predicciones de Marenches (The New York Times, mayo 18 2001).

    China, de su parte, ha iniciado una contraofensiva de carácter económico en la América del Sur. Las visitas sucesivas del Presidente de la China, Jian Zeming a la Argentina a Caracas y a La Habana con los ventajosos acuerdos económicos logrados por los sudamericanos apuntan, al mismo tiempo que se anuncia la “doctrina Rumsfeld”, a una época de cooperación incrementada entre los estados orientales y sudamericanos del Pacífico. La coincidencia de Jospin con Jiang Zemin en Buenos Aires pone en manifiesto el respaldo que la Union Europea otorga a tal cooperación, Chile declara que “no está en condiciones de precisar una fecha para su ingreso en el tratado de Libre Comercio y, mientras tanto --en Buenos Aires y en Caracas-- Colombia, Venezuela, Argentina y el Brasil han declarado su voluntad explícita de postergar hasta más avanzada la integración sudamericana o por lo menos hasta el año 2005 toda decisión de incorporarse al ALCA mientras Buenos Aires anuncia su respaldo a un posible ingreso de Venezuela en MERCOSUR. En Caracas un analista vinculado con los medios de gobierno, Alberto Buela, especula sobre las potencialidades eventuales de “un rombo” conformado por Brasilia, Buenos Aires, Lima y Caracas . 

    El contrataque americano sucedió en Québec días después en la reunión de la Cumbre Americana. Celebrada en medio de un impresionante despliegue policial destinado a contener a decenas de millares de manifestantes antiglobalización, en su mayoría canadienses, norteamericanos y europeos, en la reunión se propuso planes destinados a imponer mayores recortes a la estructura y funciones del Estado, así como a continentalizar y profundizar las privatizaciones que esta vez incorporaban no solo a los servicios públicos sino también a las responsabilidades municipales. Incluidas en el paquete estaban la desregulación total de la actividad bancaria y una “carta de derechos” de las corporaciones que colocaría a éstas en situación de negociar con los estados en posición de iguales. A puerta cerrada, se discutió la dolarización total del continente. Los jefes de estado latinoamericanos acogieron estas propuestas con prudencia cautelosa. Sin embargo, no pudieron inhibirse de firmar un compromiso de “exclusión” por el que se condenaría al ostracismo y al bloqueo a las economías de aquellos países que en el futuro no conformen sus formas y estilos de gobierno al paradigma de la democracia standard diseñado desde el hegemón anglosajón. Todo configura, en este primer semestre del año 2001 la emergencia de estrategias que podrían confirmar las sombrías predicciones de los analistas norteamericanos o que, por el contrario pudieran conducir a un futuro alternativo diferente del que los analistas de Estados Unidos han anunciado estos años con tanto pesimismo.

    Por lo pronto, el panorama se presenta sustancialmente transformado en relación con el que dominó las consideraciones estratégicas en el curso de los pasados sesenta años. Es oportuno considerar algunas de estas transformaciones:

    1. Desaparecido el peligro comunista que dio lugar a su conformación y consolidación, el sistema de alianzas que nació en la Guerra Fria se encuentra en estado avanzado de descomposición.
    2. La condición de unipolaridad en que tuvo su comienzo la post guerra fría ha dado lugar a distorsiones –particularmente la de asimetría de poderes en los campos político, económico, cultural y militar—que ejercen presión considerable sobre las soberanías nacionales y que comienzan a imponer restricciones de suma gravedad sobre la aplicación del principio de libre determinación.
    3. A la inquietud y el descontento que esta situación genera entre las naciones afectadas por estos procesos asimétricos, se añade la creciente ola mundial de desocupación y el empobrecimiento de las grandes mayorías por causa de una crisis económica a la que las distorsiones de la liberalización han terminado por convertir en crónica
    4.  La inquietud y el descontento de las mayorías laboral y económicamente afectadas por el proceso en marcha da comienzo a una nueva era de transtornos y confrontamientos sociales de escala mundial que girarán inevitablemente en torno a los problemas generados por la globalización y la neoliberalización de las economías. Las ideologías que servirán de vector a estos procesos no estarán ya polarizadas por las divergencias teológico metafísicas entre el materialismo y el no materialismo, colectivismo e individualismo, sino por concepciones antagónicas acerca de la naturaleza del Estado, la definición de la democracia, el manejo de las economías y las identidades nacionales.
    5. En el tablero geográfico político se observa un reacomodamiento acelerado en el sistema mundial de las alianzas que tiende a una bipolarización entre las potencias Atlánticas y sus zonas de influencia y las Pacíficas acompañadas por las suyas. El centro de gravedad de los confrontamientos entre estos nuevos polos se desplaza hacia la cuenca del Pacífico y su zona territorialmente crítica se identifica con la del continente americano. Estados Unidos y la China no podrán ya evitar por mucho tiempo el que los conflictos de mayor y media intensidad lleguen a comprometer sus propios territorios. La América del Sur y sus recursos constituirán un espacio de disputa entre los hegemonismos antagónicos y corren el peligro de verse involucrados en conflictos de mayor intensidad y escala que en el pasado. En el interior de las alianzas mayores tenderá a desarrollarse conflictos secundarios por rivalidad y antagonismo entre las diferentes zonas civilizacionales implicadas. Entre la Unión Europea y los Estados Unidos por ejemplo o entre los Estados Unidos y la América del Sur. Solo con dificultades los conflictos de esta escala podrán ser aislados evitando el involucramiento del otro o de los otros hegemones. El objetivo de los confrontamientos estará orientado ya no al control de territorios sino directamente al de sus recursos, y no directamente al control de los estados sino al dominio psicocultural de sus poblaciones. Las armas privilegiadas serán las del mercado financiero y de la información. En las diversas escalas e intensidades de los confrontamientos adquirirán una importancia cada vez mayor las tecnologías más sofisticadas, las operaciones de guerra sicológica, sicosocial e informativa, el terrorismo internacional ejercido por cuenta de mafias, corporaciones financieras y naciones, las represalias, sanciones o agresiones económicas, y la desestabilización económica,  política y social del adversario.
    6. Las áreas y regiones civilizacionales política y económicamente fragmentadas, particularmente si se ubican territorialmente en zonas particularmente ricas en recursos o en espacios geográficos de importancia estratégica en la bisagra entre Atlántico y Pacífico y sufren de un atraso en su desarrollo político, social y productivo, tal como es el caso de la America del Sur y Latina en general, tenderán a ser sujetos de una regresión acelerada hacia condiciones coloniales a menos que se integren aceleradamente para la constitución de unidades autónomas de escala equivalente a la de las potencias hegemónicas.


    En el marco de las circunstancias y condicionamientos que describen los principales analistas y de las consecuencias que derivan, para países y estados como el de la nación peruana el diseño de políticas de seguridad y de defensa se encuentra en estos días con dificultades semejantes a las que se hubo de enfrentar en el pasado, por las naciones del viejo continente, durante la época crítica del tránsito entre los estados dinásticos y los territoriales. 

    Por lo pronto, el objetivo inmediato de una política de Defensa y de Seguridad está en la defensa de la soberanía del Estado y de su estabilidad. La soberanía se define desde sus contenidos como la soberanía de la autodeterminación sobre los asuntos que atañen a sus propias condiciones de existencia, sobre las poblaciones a las que representa y sirve y las que se acogen a su ámbito, sobre su territorio y sus recursos, sobre la orientación de sus recursos y dinámicas de la cultura...

    Pero ¿a qué soberanía y a qué derecho de autodeterminación se habrá de aplicar en defender y dar seguridad una política, en el marco de un Estado que se encuentra ya voluntaria o involuntariamente precondicionado externamente a la nación y cuyo propio derecho de existir está ya siendo puesto en juicio?. ¿A qué territorio habrá de aplicarse la defensa si una privatización desacertada y poco responsable de los recursos colectivos y una apertura incontrolada de mercados llega a imponerse en esferas de derecho que asuman las conducciones económicas desde una jurisdicción supraestatal y termina por multiplicar bolsones de extraterritorialidad dentro de las fronteras nacionales?.¿Cómo habrá de controlarse estos excesos si el Estado no tiene ya la libertad para tomar sus propias decisiones en materia de orientaciones y manejo de su propia economía?. ¿Cómo podrá recuperar el Estado esa libertad si su estructura y sus políticas obedecen a una reglamentación, una vigilancia y un control manejados por agencias extranjeras?

    Dentro de esta perspectiva, la Fuerza Armada no podrá, por su propia responsabilidad, desentenderse en el futuro de los esfuerzos de la civilidad y de sus dirigencias por la moralización y el mejoramiento en eficiencia del aparato del Estado ni por los esfuerzos que éste alcance a realizar para la plena recuperación y el ejercicio libre de sus funciones, privilegios y tareas en la protección de las libertades ciudadanas, la protección del patrimonio común y los recursos, la orientación de la vida económica del país, la promoción del desarrollo y el mejoramiento contínuo de la calidad de vida ciudadana y la cultura. 

    Seguirá estando, en los años que vendrán, en la necesidad imperativa de la defensa y seguridad del estado y la nación peruana y en el futuro más inmediato que se presenta a nuestros ojos, la de traer a la realidad el salto de escala necesario para equiparar las presiones ejercidas por las fuerzas internacionales que se ejercen sobre la región. Para el logro de esos fines resultará indispensable priorizar la estrategia y las acciones de nuestras diplomacias iberoamericanas en el esfuerzo compartido para lograr la integración política y económica de la región andina, favorecer la de los países del cono sur, fortalecer los vínculos con la potencia atlántica más próxima y afín que es el Brasil y proceder, en una fase posterior, a la integración conjunta del espacio sudamericano. En ese esfuerzo resultará indispensable también a cada una de nuestras naciones encontrar externamente los apoyos necesarios en una sabia y astuta política de alianzas. La Fuerza Armada deberá capacitarse para proveer la máxima eficiencia activa en el respaldo a los esfuerzos que realice nuestra diplomacia en esa dirección.

    La brecha abierta entre la civilidad y las fuerzas armadas en las décadas pasadas de nuestra historia es una herida abierta que sangra todavía en el mismo corazón de todos los sudamericanos. Es una herida que debilita a las nacione y contribuye a desmoralizar al ciudadano, mermar la fortaleza de nuestras sociedades, estimular el derrotismo, alienar al empresario y al político identificándolo con intereses ajenos y antagónicos a los de su país y alentar la corrupción. Esa herida necesita con urgencia ser cerrada si la América del Sur se encuentra interesada todavía en la preservación de sus soberanías, sus derechos a la autodeterminación por las voluntades ciudadanas y sus libertades individual y colectiva. 

    Se encuentra dentro de las necesidades de una legítima política de seguridad y de defensa el cierre de esa grieta y el logro de un total entendimiento y una eficaz colaboración entre Fuerzas Armadas y civilidad. Las Fuerzas Armadas deben tomar la iniciativa y ser activas en la ejecución de una política adecuada a esos fines. No basta para eso con las muestras de contricción que demandan los políticos. Necesitan demarcar con precisión el espacio de sus obligaciones, privilegios y derechos y trazar con no menos claridad la línea de frontera entre sus atribuciones y responsabilidad y aquellos que atañen a las instituciones de la civilidad. Hacer conocer con transparencia tales demarcaciones al ciudadano común en general ofreciendo y demandando las garantías necesarias de que serán respetadas de una y otra parte de aquí en adelante. Necesitan también colaborar activamente en el apoyo material a la preservación y promoción del bienestar de las poblaciones con las que se mantienen en contacto. 

    Pero tampoco eso basta todavía. No existen ya guerras que no involucren a la civilidad. Lo hemos comprobado una y otra vez desde los años del 1914. Cada civil adecuadamente entrenado e informado en los asuntos militares es una garantía más de la seguridad propia y ajena en casos de conflicto. La educación premilitar y militar de cada ciudadano es una necesidad universal en el mundo del siglo que comienza. En los marcos de una legítima política de seguridad y de defensa las Fuerzas Armadas deberían insistir incansablemente en la universalización y superación en calidad de la instrucción militar en los niveles de la escuela, el colegio y la universidad, así como en la instrucción e información de los sectores profesionales, empresariales y políticos en materia de asuntos de seguridad y de defensa. Las instituciones ya existentes en las que se preserva y se mantiene el diálogo entre militares y civiles en torno a nuestros problemas de seguridad y de defensa deberían cumplir un rol de conducci

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