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    "Continente Indiano" | Entre nomos y anomos | 10.02.2006 

    "Continente Indiano"

    Entre nomos y anomos

    Introduccin al libro de Eduardo Hernando, Pensando Peligrosamente: el Pensamiento reaccionario y los dilemas de la democracia deliberative

    "Continente Indiano"

    Tres paradigmas histricos, a cual ms pesimista, dominan el atribulado horizonte de este fin de milenio y de siglo, el "ms sangriento de toda la historia cristiana", al decir de Juan Pablo II.

    El primero (1992) el neohegeliano del yanqui nipn Francis Fukuyama, funcionario de la Oficina de Planificacin Poltica del Departamento de Estado Americano y analista de la Rand Corporation. El segundo (1993) el de uno de los nuevos superhombres de Harvard, Samuel P. Huntington, americano tambin, Director del John M. Olin Institute for Strategic Studies, el mismo que patrocin a Fukuyama, y ex-director del ya ms que polmico Council of Foreign Relations. En ste se persigue las huellas de Spengler. El tercero (1992), menos difundido hasta ahora, el de un filsofo casi ignorado fuera de los crculos ms selectos de Europa: el griego Panajotis Kondylis, quien ya desde 1984 se haba hecho valer entre los grandes pensadores de hoy por causa de su ensayo sobre Poder y Decisin (Macht und Entscheiund). Kondylis es profesor en Heidelberg y discpulo de Conze. Se suele citar, entre otros, a Nietzsche, Karl Marx y Carl Schmitt como los inspiradores de Panajotis Kondylis.

    En poco menos de ocho aos la tesis de Fukuyama ha sido proclamada ya urbi et orbi. El argumento central deriva sus rumbos entre Hegel y Nietszche y se aplica a la consumacin de la historia desde la doble cada del soviet y el muro: el ingreso a una era en que la victoria de la democracia liberal y el capitalismo se hacen ya irreversibles. Paradjicamente la victoria que anuncia no es la del oscurantismo y el conservatismo social que asociara el marxismo al capitalismo burgus. Sino la de la Revolucin Burguesa en S Misma ---la americana y francesa--- paralizada hasta hoy, en sus logros,. por la resistencia de fuerzas arcaizantes, mitificadoras y utpicas que representara el marxismo. Ante el desconcierto de las viejas izquierdas, en el neoliberalismo revolucin y reaccin invierten de este modo sus signos. Los conflictos que el mundo pudiera seguir contemplando en los aos futuros no sern ya otra cosa que insignificantes querellas entre fuerzas que encarnan antiguos valores, en fase de descomposicin, y la fuerza progresista del liberalismo, la democracia representativa y el mercado imparables que --desde los Estados Unidos de Amrica-- encarnan la posthistoria sin fin de un mundo unicultural y monohegemnico al que el mismo Fukuyama reconoce, por fin, como un "futuro que no tiene futuro" y que se pierde en el tedio de ideales vacos y pragmatismo hedonstico.

    En el horizonte ideolgico brumoso y teutnico en que buscan moverse los tres paradigmas, el modelo de Huntington perfila ms bien un Ragnarok o Batalla Final. Los actores principales en el mundo que nace sern --- nos anuncia--- no ya las superpotencias como antes sino los estados centrales de las ocho civilizaciones que juzga primarias: la euro-norteamericana, la europeo-oriental o eslava, la islmica, la confuciana, la budista, la japonesa, la latinoamericana y la africana. Se comportan --sostiene-- como gigantescas "placas tectnicas" que inevitablemente chocaran entre s, dando lugar a una serie interminable de convulsiones y guerras que modelarn el siglo que nace. Entre tanto, los pueblos con cultura comn se estn acercando. Los pases de culturas plurales se desintegran o enfrentan desgarradoras tensiones. En este nuevo mundo, la poltica local termina centrada en el conflicto de lo tnico; la poltica mundial en el de lo civilizatorio a ms grandes escalas.

    Panajotis Kondylis, ms esencialmente germano --tal vez justo a causa de su origen helnico-- se esfuerza por trascender de la bruma teutnica a la luz hiperbrea. Ms que Fukuyama y que Huntington, sale al encuentro de pensadores insignes de nuestra tradicin filosfica que ejercen influencia notable sobre el pensamiento de Schmitt. Como con la juventud hegeliana a Cieszkowski, le preocupa, ante todo, la relacin entre la teora y la praxis, el divorcio entre la existencia y el texto y entre las lgicas, frecuentemente antagnicas que stos imponen. La polisemia, universalmente confusa, contradictoria y en el fondo vaca, que revela el examen emprico de nociones comunes como libertad, democracia, liberalismo o libre mercado y que manda y comanda los conflictos de la era es accidental o inherente a la condicin del lenguaje en los tiempos modernos? no es acaso ---hace eco a Schmitt-- inherente a la misma palabra --particularmente en el campo poltico-- el sentido polmico?. Kondylis evade sistemticamente la trampa que las abstracciones imponen, refugiandose en el hombre concreto colocado en una situacin histrica dada. "Slo hay existencias humanas colocadas en situaciones concretas, que actan y reaccionan especficamente en cada ocasin; una de esas acciones y reacciones especficas consiste, segn la terminologa habitual, en concebir ideas o apropiarse de ellas. Ahora bien, las ideas no intervienen inmediatamente, sino que son slo las existencias humanas las que van a actuar, en nombre de esas ideas, en el interior de sociedades organizadas. Igualmente, las combinaciones de ideas son la obra de existencias humanas que se fundan sobre su propia relacin con otras existencias. En fin, las ideas no son ni vencedoras ni vencidas: su victoria o su derrota representan simblicamente el dominio o la sumisin de ciertas existencias humanas", sostiene. "El pensamiento y el lenguaje cuentan entre los instrumentos de la afirmacin de s mismo". "Seguramente, es posible morir por `la' verdad -pero solamente por la nuestra, es decir, la que coincide con nuestra propia identidad". La lgica del combate o --ms bien la relacin amigo-enemigo como piensa Carl Schmitt define una relacin ontolgica que trasciende a la ideologa y al texto.

    Lo que cuenta, por eso, en ltimo trmino, en la era que empieza, no debiera buscarse en la lgica del discurso triunfante --mera imagen lingstica en el plano virtual--- sino en la de su relacin con la praxis de la que la separa y enfrenta una brecha creciente. El antagonismo y la incoherencia crecientes entre idealizacin y existencia, entre el lenguaje moral y la accin de la fuerza. Sobre la base de estas incongruencias Kondylis avisora un escenario distinto en el que las fuerzas en juego son ms bien las que representan a "pequeos y grandes". Una lucha orientada de un lado a imponer un esquema uniforme, abstracto y formal en el orden global sobre una negacin de las existencias y diferencias humanas concretas y reales; y del otro a afirmar el derecho de las pequeas naciones a sus propias demandas de libertad y democracia o derechos humanos en los trminos propios que sus identidades derivan. Y es que como lo advierte en forma temprana el ultramontano De Maistre quien sostuvo no haber conocido nunca hombres sino simplemente alemanes, griegos, persas o franceses: "une constitution qui est faite pour toutes les nations, nest faite pour aucune: cst une pure abstraction, une oeuvre scolastique fait pour exercer lesprit daprs une hypothse idale, et quil faut adresser lhomme, dans les espaces imaginaires o il habite". El racionalismo instrumental del mundo tcnico, la racionalidad utilitarista del Estado de derecho, el individualismo atomista y la impersonalizacin de los vnculos humanos que sto trae consigo configuran el peor enemigo de la paz en los tiempos futuros y sern ---segn lo percibe Kondylis--- factores cruciales en una reemergencia masiva de nacionalismos e identidades histricas.

    A pesar de las diferencias de sus enfoques y aproximaciones especficas los tres paradigmas con los que he elegido en estas pginas presentar el horizonte filosfico que abre el milenio concuerdan en la identificacin de una fuerza corrosiva que socava desde sus raices mismas todos los futuros previsibles. Es la fuerza ---o antifuerza--- de la anomia o descomposicin moral que afecta las bases de la nueva sociedad desde el momento mismo en que nace.

    "A Fukuyama le preocupa el egosmo y el excesivo individualismo de las sociedades liberales, su implacable erosin de todas las formas de comunidad y de moral social. Para funcionar debidamente, las sociedades liberales dependen de tradiciones culturales no liberales o preliberales, especialmente las que se basan en la religin. Y son precisamente estas tradiciones las que el liberalismo socava. Si todo el mundo se est volviendo liberal, todo el mundo tambin se est volviendo amoral" comenta Krishan Khumar. "Los liberales lockeanos como Jefferson o Franklinno vacilaron en afirmar que la libertad requera la creencia en Dios. El contrato social entre individuos con intereses propios racionales, en otras palabras, no se sostena por s mismo sino que necesitaba una creencia suplementaria en castigos y premios divinos". "La decadencia ha ocurrido no a pesar de los principios liberales, sino a causa de ellosno ser posible ningn fortalecimiento de la vida comunitaria a menos que los individuos acepten la vuelta a ciertas formas histricas de la intolerancia" citaba a Fukuyama yo, de mi parte, unos aos atrs

    Y ah donde Fukuyama deja abierta esa puerta de la intolerancia a cuya apertura se har cada vez ms favorable en sus escritos y libros posteriores, Samuel Huntington se impone el abrirla desde una perspectiva distinta. Gobiernos y pueblos de todo el mundo se enfrentan hoy a una crisis de identidad ---sostiene--- que resuelven redefinindola en trminos culturales. Como resultado de este proceso, la poltica mundial est siendo reconfigurada a lo largo de lneas culturales. La esencia de los conflictos actuales en el mundo ---dice-- es de naturaleza cultural y los puntos de friccin son aquellos donde distintas civilizaciones entran en contacto. La imagen apropiada ---insiste--- sera la de las placas tectnicas que, al chocar, unas se superponen, otras se hunden, pero, en todo caso, producen graves perturbaciones. Samuel Huntington, frasea esta geologa ficticia de tal modo que termina convirtiendola en un instrumento de homogenizacin o arrasamiento universal de las diversidades culturales en su esencia ---fundamentalmente religiosa--- bajo el argumento inexorable de que ni la realizacin del estado de democracia universal ni la del mercado abierto globalizado que considera inseparables del espritu de la civilizacin euro-norteamericana podra realizarse sino bajo la cobertura de un solo liderazgo en lo politico y la imposicin de un nico sistema de creencias, de valores y conductas ---es decir de religin--- que garantizara en lo esencial la uniformidad de la cultura planetaria.

    "Uno de los rasgos ms definitorios de la Modernidad es el odio a la diversidad cultural. Para la Modernidad slo puede existir una Cultura, la suya propia. La Modernidad es etnocida por definicin y sustancia. Hoy los Estados Unidos se estn lanzando a una lucha titnica para eliminar y destruir las grandes culturas que an subsisten en nuestro planeta. Como nuevos jacobinos a escala planetaria, su objetivo -ya formalmente declarado y asumido- no es otro que el de extirpar de la superficie del planeta todo vestigio de diversidad cultural", segn un reciente comentario a propsito del horizonte que Huntington propone.

    "El fracaso de los grandes dogmas de la democracia de masas puede conducir no slo a un largo y salvaje desorden, sino tambin a un orden brutal donde la poltica, reducida a la distribucin de bienes, impondra por la fuerza una severa disciplina con el fin, precisamente, de realizar esta tarea. Podra entonces conservarse el ideal de la igualdad y seguir interpretndolo en el sentido democrtico y material, pero no se podr hacer lo mismo con las actitudes hedonistas que estn en la base del consumo de masas en las democracias occidentales...", sostiene Kondylis por su parte.. "la manera en que la sociedad mundial afronte el problema de la anomia influir considerablemente sobre la estructura del orden mundial futuro y sobre el carcter de las prximas guerras". Sugiere en otro lugar que la combinacin de democracia de masas y tica universalista podra conducir a una biologizacin de lo poltico -una reduccin de la poltica a la simple lucha por la supervivencia. Del pensamiento de Kondylis se deriva una conclusin que era de esperar. Las preocupaciones de Huntington y de Fukuyama no pasan de ser la manifestacin de un ansia frustrada de control que se niega a s misma en su propio principio: ah donde la autoridad temporal ---que por su propia naturaleza es de orden externo y que arraiga en el dominio de las fuerzas materiales--- y la autoridad moral ---que por su propia naturaleza es de orden interno y de raiz espiritual--- han sido extraadas del logos, del telos y el nomos que constituyen su principio de armona en el orden humano, se extiende inevitablemente en la tierra la oscuridad de Saurn y Mordor estableciendo el dominio de Anomos y el Imperio de Anomia.

    El problema de la anomia no es, por cierto, una preocupacin exclusiva de la escuela sociolgica positivista de Durkheim sino que se encuentra entretejido de manera inextricable no solo en la discusin metapoltica de pensadores como Schmitt (cmo hablar del nomos sin ocuparse de la anomia?), en las teopolticas de los ultramontanos como De Maistre, Chateaubriand, De Bonald, Donoso y otros ms y, por supuesto en las puramente teolgicas de quienes se han ocupado de la escatologa o doctrina apocalptica sobre cuyo tema han llegado ahora a coincidir los pensadores seculares de fin de milenio. En el otro extremo de la durkheimiana discusin sobre los indicadores estadsticos de descomposicin social y las tasas de suicidio se encuentra, ms all de las fronteras entre la latinidad y la ortodoxia una larga tradicin de exgesis de los textos paulinos de Tesalonisences y las profecas de Daniel que ha sido compartida en occidente por grandes pensadores como Isaac Newton y en el oriente por filsofos como Nikolai Danilevsky, Vladimir Soloviev y sus seguidores actuales. Es esta una tradicin teopoltica a la que De Maistre no fue ajeno sin duda y con la que con seguridad debi familiarizarse durante las largas noches blancas en las que transcurrieron las veladas de su exilio de San Petersburgo. Su ms expresin ms explcita est contenida en el texto paulino que sirve de epgrafe a estas pginas y que en libre y moderna traduccin puede leerse en stos trminos: "Vosotros sabes qu es el [ katejn] que impide que se muestre [el apocalipsis de] la secreta anomia y si es retirado eso que le retiene [el katjon] el anomos se mostrar abiertamente". Presentando mis excusas a traductores ms hbiles, destaco que las palabras griegas anomia, katejn y anomos, son las que nuestras biblias suelen traducir como "iniquidad", "obstculo, impedimento o sello" y "hombre de iniquidad" o "anticristo". Me limitar aqu a reproducir el comentario de Alexander Dughin, uno de los ms destacados pensadores geopolticos en la Rusia Postrevolucionaria: "on the teological and soteriologic function of the Emperor, based on the 2nd message of Saint Apostle Paul to Ptessalonicians, in which the question was about the holding one, catejn", the holding one is identified by the orthodox Christian exegetes with the Orthodox Christian Emperor and the Orthodox Christian Empire. Catholicism from the beginning - i.e. right after the defection from the united Church - took another model instead of the symphonic (caesarian-papist) one , in which the authority of Roman Pope spread also onto the spheres, which were strictly referred to Basileus's competence in the symphonic scheme. Catholicism broke the providential harmony between the temporal and spiritual dominions, and, according to the Christian doctrine, fell into heresy".

    Resulta iluminado, con sto, el ncleo profundamente escatolgico que se oculta tras las formas filosficas, ideolgicas, polticas y aun jurdicas que se muestran en la ms o menos agitada superficie de esta discusin sobre el telos de la evolucin y del progreso que se prolonga ya por lo menos dos siglos en las sociedades de origen latino y helnico; y que, desde una armazn teolgica encubierta por la jerga cientista de las disciplinas sociales de la postrevolucin francesa, articula aspectos tan varios de nuestro pensamiento moderno como los que ataen al ultramontanismo, al socialismo utpico, al sinarquismo de Saint Yves, al positivismo sansimoniano y al de Comte, al hegelianismo y a la juventud hegeliana, a los mesianismos politicos de Towianski y de Mickievicz, a los utopsmos evanglicos y protestantes del siglo XIX, a la ortodoxia paneslvica, al marxismo, al bolchevismo, al nazismo con su aspiracin joaquimita y last but not least a las nuevas ideologas seculares de fin del milenio y a los omnipresentes delirios del New Age. Los nuevos caminos que se abren a la investigacin de estos ltimos doscientos aos perturbados ahora ya no por el fantasma del comunismo sino por el de la anomia encuentran sus primeros exploradores hoy da en las investigaciones de Elinor Schaffer, Laurence Dickey. Krishan Kumar, Christopher Norris, Frank Kermode, Edward W. Said y otros muchos ms. Sus precursores en Lwith y en Blumenberg. Sostuvo el primero: "La irreligin del progreso sigue siendo una especie de religin que se deriva de la fe cristiana en una meta [telos] futura y en la que se sustituye un eschatn definido y trascendente por uno indefinido e inmanente".

    Pero, una vez establecido, consolidado y confirmado el Reino de Anomia y de Anomos, sto es el de la "iniquidad", "in-equidad" o "injusticia", aquel en el que las libertades devienen abstracciones y la vida cuotidiana termina por la fuerza y el dinero sometida a una coaccin frrea y tirnica, donde los privilegios no se someten ms a la medida del deber ni los deberes se acompaan de los derechos respectivos, donde los lazos naturales que vinculan los hombres en una humanidad compartida quedan todos disueltos y el individuo -aislado en tal forma-- es sometido al desamparo total, donde la rectitud de la moral y la eficacia de la fuerza se mantienen en una contradiccin insoluble en la que se desgarran las almasa qu es a lo que deberemos llamar reaccionario?. Eduardo Hernando Nieto, en este libro, nos prove un intento de respuesta: "es sto finalmente --dice-- lo que representa el pensamiento verdaderamente reaccionario, una Reaccin franca ante una accin que convierte esta realidad en un virtual choque entre una cosmovisin ideolgica (revolucin) y una tradicin metapoltica (catolicismo)". Una cosmovisin ideolgica ---sto es, el mero producto de una doxa, una opinin especulativa que aspira a hacerse autnoma frente a la Razn que por necesidad la trasciende. Y una tradicin metapoltica, sto es anclada en un principio trascendente, ese Logos que ya la Ilustracin nos di por perdido y que resplandece por S en las tinieblas como eterno garante de unidad y armona entre espritu y carne.

    Llegados al momento preciso al que Nietszche ---cien aos atrs--- hablando de historia,.describi como "la lnea de la nada", la fuerza misma de las cosas impone la inversin de valores que se hallan ya en su totalidad trastocados en este pattico fin de una civilizacin que ha perdido su norte. Si, como Fukuyama pretende, en el neoliberalismo revolucin y reaccin invierten sus signos, la Reaccin se hace entonces Revolucin finalmente. Se muestra inquebrantable, por fin, como una vocacin cada vez ms consciente por la restauracin del sello, el katjon en el que se constituye la armona de espritu y carne, de la razn moral y la fuerza, de derecho y deber, de colectividad e individuo y en el que se hace nuestra humanidad, en su plenitud, epifnica. Una inversin del hegelianismo epigonal y decadente de Fukuyama y Huntington como la que ya anticipaba Cieszkowski, anticipandose tambin a Karl Marx al reclamar el retorno de la teora a la praxis y la rehabilitacin de la materia y la carne en la justicia social y econmica y como aquella en la que sealaron caminos de encuentro entre trabajo y espritu, pensadores de la talla de Ernst Jnger y Ernst Niekisch.

    Nos conduzca, en la espera, el optimismo de Schmitt: "El nuevo nomos de nuestro planeta crece irresistiblemente. Muchos no ven ah mas que muerte y destruccin. Algunos creen vivir el fin del mundo. En realidad, lo que estamos viviendo es el fin de una relacin hecha ya antigua. El viejo nomos entra en decadencia y con l todo un sistema de medidas, de conceptos y hbitos adquiridos. Pero lo que viene no tiene por qu ser pura desmesura, ni una nada enemiga de todo nomos. Pueden emerger justas medidas y pueden tomar forma proporciones razonables, incluso en medio del combate cruel entre las antiguas y las nuevas fuerzas. Tambin aqu existen dioses que gobiernan. Inmensa es su grandeza". El hombre, semejanza e imagen de los dioses --anuncia--- volver a ser la medida de todas las cosas.

    Fernando Fuenzalida Vollmar
    Referencias:

    Blumenberg, Hans: The Legitimacy of the Modern Age, Cambridge, Mass.1985
    Bull, Malcolm: Para que los extremos se toquen, en Bull, Malcolm, La Teora del Apocalipsis...
    Caballero, Carlos: De Fukuyama a Huntington o la legitimacin del etnocidio, Textos para la Disidencia, Tabularium, Inet 1999
    Chizhevsky, Dimitri: Russische Geistgesichte, Hamburgo 1959
    Cieskowski, August: Prolegomena to Historiosophie en L. Stepelevich ed. The Young Hegelians. New York Liebich 1983
    Cieskowski, August: Selected Writings. New York, Liebich 1979
    Danilevsky, Nikolai Yakovlevith: Russland und Europa-Rossiya i Europa (1869)
    De Maistre, Joseph: Considrations sur la France. Lyon 1850
    Dickey, laurence: El industrialismo sansimoniano como fin de la historia, en Bull, Malcolm, La Teora del Apocalipsis...
    Dughin, Alexander: Metaphysics of the Anunciation, Inet 1997
    Dughin, Alexander: The Paradigm of the End. Inet 1997
    Fuenzalida Vollmar, Fernando: Tierra Balda-La crisis del consenso secular y el milenarismo en la sociedad postmoderna. Australis, Lima 1995
    Fukuyama, Francis, The End of History and the last man.New York: The Free Press, 1992
    Huntington, Samuel P.: The Clash of Civilizations, Foreign Affairs, vol 72, N3, summer 1993
    Jnger, Ernst: Der Arbeiter, Herrschaft und Gestalt. Hamburgo, Hanseatische Verlagsanstalt, Benno Ziegler 1932
    Kermode, Frank: Aguardando el fin, en Bull, Malcolm, La Teora del Apocalipsis y los Fines del Mundo, Mxico, FCE 1998.
    Ttulo original Apocalypse Theory and the Ends of the World. Oxford, Blackwell 1995
    Khumar, Krishan: El Apocalipsis, el Milenio y la Utopa en la actualidad en Bull, Malcolm: La Teora del Apocalipsis ....
    Kondylis,Panajotis: Planetarische Politik nach dem Kalten Krieg. Berlin, Akademie Verlag, 1992
    Kumar, Krishan: El Apocalipsis, El Milenio y la Utopa en la actualidad, en Bull, Malcolm, La Teora del Apocalipsis...
    Lwith, Karl: Von Hegel zu Nietzsche. 1939
    Lwith, Karl; Meaning in History, Chicago, Phoenix 1949
    Mohler, Armin: Comentario a Kondylis en Textos para la Disidencia, Tabularium, Inet 1999
    Niekisch, Ernst: Erinerungen eines deutschen Revolutionrs, Kln, Wissenschaft u. Politik, 1974
    Niekisch, Ernst: Menschenfressende Technik, Widerstand N4, 1931
    Norris, Christopher: Versiones del Apocalipsis: Kant, Derrida y Foucault, en Bull, Malcolm, La Teora del Apocalipsis...
    Schaffer, Elinor: El Apocalipsis Secular en Bull, Malcolm, La Teora del Apocalipsis...
    Schmitt, Carl: El nuevo Nomos de la tierra, en Hesprides, nov.8,1995
    Soloviev, Vladimir: La Russie et lEglise Universelle (1889)
    W.Said, Edward: Adorno como lo tardo, en Bull, Malcolm, La Teora del Apocalipsis...


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